jueves, 17 de mayo de 2012

...¿me quieres?....
...¿lo dudas?...
...no!...
...¿entonces por qué me lo preguntas?...
...porque me gusta escucharlo...

miércoles, 16 de mayo de 2012

Así como el amor es humano...la infidelidad es animal... (y los humanos solemos ser bastante animales, porque hay necesidades que la razón simplemente debe dejar pasar...) El amor es fácilmente corruptible y la fidelidad es la corrupción en sí. ...Con Diego, formaban una pareja muy especial. Sólo Dios sabe lo que pasaba entre ellos. Las reglas de su vida en común eran absolutamente incomprensibles vistas de afuera... La relación entre Frida y Diego no es extraña, tal vez es la más común de todas... lo que pasa es que ellos si fueron valientes y enfrentaron a la naturaleza humana.

Sobre las coincidencias en el amor, la infidelidad y el arte.

Conversaciones con Frida y Diego...


     ... Muy pronto él me pidió mi opinión sobre su trabajo. Me escuchaba religiosamente. Es raro porque, fuera de las bases clásicas de ambos, nuestras pinturas seguían caminos diferentes. Diego trabajaba a su escala, monumental, yo a la mía, en proporciones reducidas. Él, vuelto hacia el exterior, lo social, principalmente; yo vuelta hacia adentro, lo íntimo humano. Creo que esa otra complicidad, esa mirada puesta en el trabajo del otro que siempre tuvimos, nuestra confianza mutua y nuestro sentido crítico en esa materia, son de las cosas más hermosas que me ha sido dado vivir. Una de las cosas más hermosas de nuestra relación...

     ... Es curioso, ¿verdad? Pintaba menos en aquella época en que sufría poco.
¡Ay! Voy a alimentar las tesis sobre el sufrimiento como elemento determinante del
arte. . . Todavía hay mucho que decir sobre eso. Ya volveremos sobre el tema....

     ... Y Frida, como Cleopatra en sus
barcas del Nilo, adornada y admirada, cantaba corridos, desplegaba todo su encanto
y su ternura, la agudeza de su inteligencia, prodigaba su sonrisa, y no sólo a los
hombres, sino también a las mujeres. Había comprendido que atraer las miradas
hacia ella era el mejor medio de alejar a las mujeres que se acercaban a Diego...

     ... —Para estar desesperada, más vale ser productiva —le decía a Lucienne—.
Siempre es algo que le robamos a la pura y simple autodestrucción. . .

     ... Nuestro contrato tácito de vida en común implicaba apoyo
recíproco e independencia...

     ... —en tamaño natural— hasta el marco de mi tela, así fue como representé la escena.
¿Por qué esa idea morbosa? Quizá haya sido simplemente una defensa. Esa
mujer asesinada era en cierto modo yo, a quien Diego asesinaba todos los días. O
bien era la otra, la mujer con quien Diego podía estar y a quien yo hubiera querido
hacer desaparecer. Sentía en mí una buena dosis de violencia, no puedo negarlo, y la
manejaba como podía. Me sentía como otra Artemisia Gentileschi, que en el siglo
XVII había pintado a Judith degollando a Holofernes sin poder, en el fondo,
vengarse de la realidad que la había violado, y no en una tela...

    ... Diego había querido que yo no hiciera otra cosa que pintar. Ese deseo suyo
me alegraba, porque significaba que creía en mí. Cuando me asaltaban las dudas
sobre nuestra relación, sobre su amor, pensaba que lo que él quería era que mi
mundo fuera lo bastante fuerte para no necesitar del suyo, ni de él. Para él quedar
completamente libre. Por último, el uno en el otro, para mí simplemente, para mi
equilibrio y para mi supervivencia, sentía que me hacía falta apegarme por entero a
la pintura, echar raíces en ella...

   ... Por momentos me pregunto si mi pintura, del modo como la viví, no fue más
semejante a la obra de un escritor que a la de un pintor. Una especie de diario, la
correspondencia de toda una vida. El primero fue el lugar donde liberé mi
imaginación a la vez que analizaba mis actos y mis gestos, por la segunda habría
dado noticias de mí, o simplemente habría dado de mí, a mis seres queridos. Por otra
parte, mis cuadros casi siempre los regalé, y generalmente estaban destinados a
alguien desde el principio. Como cartas.
Mi obra es la biografía más completa que pueda hacerse sobre mí...

   ... Pese a una salud totalmente precaria, me hallaba moralmente en buen estado,
y experimentaba un curioso sentimiento de libertad al estar de pronto lejos de Diego.
Tenía ganas de liberarme de su dominio afectivo, de ejercer mi capacidad de
seducir, de afirmarme. Debí parecer completamente desenfrenada. Pasaba de un
hombre a otro sin desconcertarme...

   ... ¡Lo que fue, fue para siempre!...

   ... En esas líneas dejaba ver su vínculo con él, inalterable. Y si Diego ponía en
peligro su relación por sus amores incesantes, los de Frida, a pesar de su intensidad,
no nublaban su cariño a Diego, sagrado. Sin embargo, se entregaba a ellos por
entero.
Así sucedió con Nickolas, a cuyo contacto se abrió sin vacilación. Nickolas
evidentemente estaba al tanto de la existencia de Diego, Frida no lo ocultaba, pero
sin embargo amaba como si la figura de su marido no pudiera impedir nada. Se dejó
llevar al amor por Nicholas sin vacilación, sin reticencias. Disfrutaba de la vida con
su nuevo hombre; de su inteligencia, de su sensualidad, gozaba con la imagen de
mujer hermosa, original y deseable que él le devolvía. Se mostraba posesiva,
exclusiva.
Cuando otra mujer en la misma situación hubiera sentido escrúpulos, Frida,
con la mayor naturalidad del mundo (y eso era lo más desarmante en ella), exigía a
su amante que le fuera fiel, a menos que se tratase, si es que la engañaba, de una
cuestión "puramente física", en cuyo caso era preciso que se guardara bien de
"amar" a la dama en cuestión...

    ... —Nick, ¿cómo decirte que te adoro, que pienso en ti todo el tiempo, en tus
ojos, en tus manos, en tu sonrisa, cómo decirte que te amo con todo mi corazón, y
que no hay en mí otra cosa que tú? (Aparte de Diego que tiene allí un lugar
particular e inmutable, pero eso ya lo sabes). .. Siento tanto amor por ustedes dos
que me desborda y me desdoblo. .. me vuelvo dos Fridas, una tan llena de amor
como la otra. . .

    ... —A las demás mujeres no las amo —se excusaba él—. La única que necesito
es mi Friduchita.
—Conocer al detalle tus sentimientos no modifica en nada el problema —le
respondía infaliblemente Frida.
Por algún tiempo en México se habló de amores de Diego con la actriz
Paulette Goddard. Después de sus amores con Irene Bohus, la húngara. . . Frida se
sentía desgarrada. ¿No habrían llegado demasiado lejos las cosas? ¿No era el
momento de tomar una decisión radical acerca de sus vidas? Pero no conseguía
librarse de su cariño a Diego, y por eso sufría. Y ese sufrimiento se acentuaba tal vez
por la pérdida de Nickolas, que la había herido mucho más de lo que dejaba ver,
pero de la cual no podía hablarle a Diego...

   ... Lupe Marín me dice que soy una idiota porque
dejo que las otras mujeres me quiten a Diego. . . Pero yo no estoy segura de que
volviéndome rapaz resolvería el problema. . . No sé si tengo razón. . . Lo sé todo. . .
No sé nada. . .

   ... —¿La inquietud tiene que ver con el amor? —le preguntó a Diego al
desembarcar en el aeropuerto...

   ... —O quizás debido a los celos. Es cierto que sus mujeres siempre pasan a ser
mis mejores amigas. . . Lupe, Irene, Paulette. . . ¡y las que me esperan! Me hacen
sufrir pero yo termino por quererlas, y ellas igual. Es un modo de desviar los celos,
de conjurar la suerte. . .






lunes, 5 de marzo de 2012

...¿me quieres?....
...lo dudas...
...no!...
...¿entonces por qué me lo preguntas?...
...porque me gusta escucharlo...